La tragedia de las pensiones

En varias décadas de ver dramas policíacos en el cine y la televisión me ha tocado ver muchas veces una misma escena—a veces con escenario en Chicago, otras en Nueva York, otras en Los Ángeles—, tan repetida que es como un cliché dramático, en la que un oficial superior reprende a un subalterno que ha cometido una falta grave y le dice: no me metas en problemas y no me hagas perder mi pensión.

Esa escena siempre me ha hecho pensar que las pensiones policíacas de Hollywood son verdaderamente jugosas, algo por lo que vale la pena dedicarle la vida a una carrera peligrosa. Por lo visto, las de Puerto Rico son otro cantar.

En estos días hemos visto manifestaciones de policías protestando por la pobre remuneración que reciben y hemos escuchado casi con incredulidad cuán raquíticas son las pensiones que les esperan a muchos de ellos al momento de su jubilación. Sus pensiones se calculan como una fracción exigua de un salario de por sí bajo, como si alguien hubiera diseñado una fórmula de empobrecimiento garantizado para el que decida hacer de esta su profesión de por vida.

Y los policías no son los únicos que se enfrentan a la tragedia de las pensiones. Muchas maestras y maestros están en una situación similar. De hecho, desde el momento mismo en que se aprobó la ley Promesa, hace ya cinco años, muchos dieron la voz de alerta de que Puerto Rico es una jurisdicción de pensiones muy bajas en comparación con la norma en Estados Unidos, y de que había que hacer un esfuerzo especial por proteger a los pensionados en los procedimientos de quiebra que se avecinaban.

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TRIBUNA INVITADA
El Nuevo Día
Por: Juan Lara
Miércoles, 27 de octubre de 2021
(Foto por: Xavier Araujo)