El reto y la oportunidad económica de Venezuela es revitalizar su industria petrolera. Sin embargo, eso no va a suceder. El optimismo inicial que provocó el arresto de Nicolás Maduro va cediendo y abre paso al pesimismo.
El gobierno de Estados Unidos ha mostrado poco respaldo hacia la oposición democrática de Venezuela, prefiriendo trabajar con la exvicepresidenta Delcy Rodríguez, que ha sido parte del equipo de Maduro. Se trata del mismo gobierno dictatorial, solo que ahora sin Maduro. Esta política está abocada al fracaso.
Las inversiones petroleras que requiere Venezuela implican cuantiosas inversiones iniciales para, en algunos años, recibir el rédito de dichas inversiones. Por lo tanto, requieren estabilidad política. La misma no existe hoy en Venezuela, debido a la situación interna del país, así como por la volatilidad de la política de los Estados Unidos hacia Venezuela.
Una comparación con inversiones petroleras en Canadá lo hace evidente. Casi no hay riesgo político en Canadá. Sin embargo, el riesgo político en Venezuela es enorme.
El riesgo político interno está demostrado por los cambios en las condiciones de los contratos a empresas petroleras de Estados Unidos exigidos en 2007 por el gobierno de Hugo Chávez. La ley internacional permite estos cambios de contrato e inclusive expropiaciones, siempre y cuando se compense a la compañía impactada.
En Venezuela, las empresas Exxon y Conoco se negaron a los cambios y consiguieron fallos favorables en foros internacionales por unos $10,000 millones en compensaciones. No obstante, todavía están esperando que les paguen. Por otro lado, la empresa Chevron aceptó cambios de contrato y permanece operando en Venezuela, casi veinte años después, pero con las limitaciones de los nuevos acuerdos.
El riesgo externo es la volatilidad de la política de Estados Unidos. Donald Trump puede ofrecer a las compañías estabilidad solo hasta las elecciones de 2028, cuando culminaría su cuatrienio.
Peor aún, las compañías tendrían que presumir constancia y coherencia en las políticas de Trump. Algo que no está claro. En una reciente reunión con compañías petroleras para promover inversión en Venezuela, Trump le preguntó a un ejecutivo de la firma Halliburton que cuándo habían salido de Venezuela. El ejecutivo contestó que fue en el 2019, justo cuando el propio Trump, en su primer término, impuso sanciones a Venezuela que obligaron a varias empresas norteamericanas a salir de Venezuela.
La única débil garantía de estabilidad política en Venezuela, algo que no es seguro, sería el regreso de la democracia al país suramericano. Esto permitiría reglas claras internas y una política favorable de parte de Estados Unidos, inclusive luego de la salida del gobierno de Trump.
Las comparaciones con México y Colombia son ilustrativas. Tanto en México como en Colombia hay gobiernos electos democráticamente, casualmente ambos de izquierda. En ambos casos, las inversiones extranjeras en el sector petrolero no han sufrido los cambios abruptos que observamos en Venezuela y los contratos han sido respetados, tanto por los respectivos gobiernos de México y Colombia, como por Estados Unidos
Hasta que Estados Unidos no presione para el restablecimiento de la democracia en Venezuela, la idea de una bonanza petrolera seguirá siendo una ilusión.