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Conservar también es invertir

En Puerto Rico, solemos discutir la conservación y el desarrollo económico como si fueran objetivos opuestos. Sin embargo, iniciativas como el Programa de Legado Forestal demuestran que proteger nuestros bosques también es una inversión en la seguridad hídrica, la resiliencia, la calidad de vida y el desarrollo económico sostenible.

El Forest Legacy Program es administrado por el Servicio Forestal del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). Su propósito es identificar y proteger terrenos forestales privados de alto valor ambiental. En Puerto Rico, el programa es implementado por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) en colaboración con el Servicio Forestal del USDA. La participación de los propietarios es voluntaria y puede incluir la adquisición de terrenos por parte del gobierno de Puerto Rico o de derechos sobre ellos, como las servidumbres de conservación.

El Bosque Seco de Guánica, parte del Forest Legacy Program, ilustra el valor que puede tener la conservación más allá de la mera protección del terreno. Además de su importancia ecológica, constituye un atractivo para visitantes, senderistas, investigadores y personas interesadas en conocer la biodiversidad de Puerto Rico. De esta manera, la conservación contribuye a generar actividad económica en su entorno sin comprometer los recursos naturales que precisamente le otorgan valor.

La importancia del programa es evidente al observar el papel de los bosques en la protección de nuestras cuencas hidrográficas. Ese objetivo cobra mayor relevancia ante las condiciones de sequía que Puerto Rico ha enfrentado en 2026. La sequía no se resuelve únicamente conservando bosques; conservar un bosque no produce lluvia. Pero puede fortalecer la capacidad natural del territorio para gestionar el agua disponible.

Los bosques ayudan a reducir la erosión, a moderar la escorrentía, a favorecer la infiltración del agua en el suelo y a proteger la calidad de los cuerpos de agua. También contribuyen a reducir la sedimentación que llega a los ríos y embalses. En una isla donde el agua es un recurso crítico para los hogares, la agricultura, la industria y la actividad económica, proteger las cuencas forestales debe considerarse parte de nuestra infraestructura esencial.

Desde una perspectiva económica, también debemos considerar el costo de no conservar. Cuando un terreno forestal se fragmenta o se destina permanentemente a otro uso, algunas de sus funciones ambientales pueden resultar difíciles y costosas de recuperar. Restaurar cuencas degradadas, controlar la erosión, atender la sedimentación o construir infraestructura para compensar los servicios que antes ofrecía de forma natural un ecosistema representa costos significativos para los sectores público y privado.

Recientemente tuve la oportunidad de visitar fincas que se están evaluando en el marco de este proceso. Caminar por estos terrenos permite comprender que no estamos evaluando solo los límites de la propiedad. Estamos evaluando los recursos naturales, la conectividad entre ecosistemas y cuencas, la biodiversidad y el patrimonio que perdurará a lo largo de generaciones. La experiencia también recuerda que conservar no significa simplemente impedir el desarrollo, sino determinar estratégicamente dónde debemos desarrollar y dónde la protección genera un mayor beneficio colectivo.

Puerto Rico tiene un territorio limitado. Cada decisión sobre el uso del suelo tiene consecuencias económicas, ambientales y sociales. Por eso, el Programa de Legado Forestal debe entenderse no solo como una herramienta de conservación, sino también como un instrumento de planificación. En momentos de sequía, de presión sobre los recursos hídricos y de cambios en los patrones climáticos, proteger nuestros bosques adquiere un valor aún mayor.

Conservar también es invertir. Y, en ocasiones, la inversión más responsable es proteger hoy aquello que mañana podría resultar muy costoso o imposible de recuperar.